domingo, 26 de julio de 2009

Oportunidades desperdiciadas...

Esta ocasión voy a citar integramente una columna del Reforma.
Después de la pésima noticia del incremento de la pobreza extrema en México, considero importante dar un poco más de espacio para la discusión con argumentos.
Creo que el repunte de la pobreza no es culpa únicamente de los programas sociales, al contrario, de no existir la situación sería mucho peor. Además soy completamente institucional con mi nuevo trabajo.
"La factura de los pobres
Juan E. Pardinas
A fines de 2006, el New York Times publicó un artículo sobre ocho programas que habían demostrado su éxito en el combate a la pobreza en el mundo: 1) las campañas de universales de vacunación, 2) el otorgamiento de títulos de propiedad a personas de bajos ingresos, 3) los bancos de microcréditos, 4) la infraestructura de caminos para comunicar zonas rurales, 5) promover que las niñas tengan las mismas oportunidades de educación que los varones, 6) aumentar la productividad por hectárea en el campo y 7) atender de forma personalizada a pacientes con enfermedades crónicas o tratamientos prolongados.
El octavo programa exitoso citado por el New York Times era el de "sobornar a los pobres" para que asistan regularmente al doctor y envíen a sus hijos a la escuela, a cambio de recibir una transferencia de dinero. Esta política pública fue concebida por dos mexicanos, Santiago Levy y José Gómez de León, quienes implementaron la estrategia durante el gobierno de Ernesto Zedillo bajo el nombre de Progresa. En el sexenio de Vicente Fox, el programa mantuvo sus características principales pero fue rebautizado como Oportunidades.
Progresa fue diseñado con el objetivo de evitar la manipulación electoral de sus beneficiarios. Las transferencias de dinero no se entregaban a intermediarios, sino directamente a las personas empadronadas en el programa. Los gestores y coyotes que vendían apoyos políticos a cambio de prebendas oficiales vieron disminuidas sus áreas de trabajo. Por primera vez en la historia de México, una estrategia de combate a la miseria no tenía el propósito de intercambiar dádivas por votos. De acuerdo a una encuesta de los periódicos Reforma y Los Angeles Times, en la elección presidencial del año 2000, 44 por ciento de los beneficiarios de Progresa votaron por un partido distinto al PRI. Entre los comicios de 1994 y los del 2000, el tricolor perdió cerca de un millón de sufragios en las zonas más pobres. En el 2006, el candidato del partido gobernante, Felipe Calderón recibió menos del 10 por ciento de los votos en los municipios con mayor número de beneficiarios de Oportunidades. En estas localidades, AMLO y Roberto Madrazo arrasaron en las urnas.
La semana pasada se anunciaron incrementos obscenos en los niveles de pobreza del país. Siete millones de mexicanos en zonas urbanas viven con menos de 31 pesos diarios. En zonas rurales, 12 millones de mexicanos viven con menos de 23 pesos al día. Estos números brutales han catalizado un debate sobre el fracaso de la política social del gobierno. Una estrategia como Oportunidades puede ser muy útil, pero no es una varita mágica que solucione el problema en un parpadeo.
De nada sirve que los niños vayan a la escuela, si en las aulas se aplica el modelo "pedagógico" de Elba Esther Gordillo. Los beneficiarios de Oportunidades tienen derecho a asistir a una clínica de salud, pero los gobernadores estatales no rinden cuentas de los subsidios para financiar el Seguro Popular.
El mejor programa de lucha contra la pobreza es un empleo productivo. Si queremos un mercado laboral con mejores oportunidades, tenemos que fomentar el crecimiento económico. No es extraño que México tenga la peor tasa de crecimiento de América Latina. Muchas empresas, sindicatos y partidos políticos se benefician de nuestras mediocres tasas de crecimiento. Los empresarios no quieren hablar de competencia, los líderes sindicales prefieren omitir el tema de la productividad y ningún partido político ni el gobierno se atreven a promover decisiones impopulares. El crecimiento económico acelerado es una fuerza que transforma el orden de cosas. Es una energía que destruye y crea. A los ordeñadores de rentas no les conviene enfrentar las consecuencias de una economía competitiva. El bajo nivel de crecimiento es un buen negocio para unos cuantos. Al fin y al cabo, la factura de la inmovilidad la pagan los pobres. Si las noticias vienen mal, siempre le podemos echar la culpa al programa Oportunidades."
El autor se llama así en honor al Papa Juan XXIII y al guerrillero Ernesto Che Guevara. Su trayectoria ideológica recorrió la ruta de una infancia maoísta, una pubertad socialista y una adultez liberal. Tiene una licenciatura en Ciencia Política por la UNAM, una maestría en Economía por la Universidad de Sophia en Tokio, Japón y es candidato a doctor en la London School of Economics. Trabaja en el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

miércoles, 1 de julio de 2009

Productividad laboral

Hoy fue el primer día en mi nuevo trabajo. Desde las 9.30 AM llegué, me presenté ante mi nuevo jefe, me dieron mi primera tarea, me presentaron algunos compañeros, me dieron la llave de mi oficina y comentaron las instrucciones de rigor.

Hasta ese momento sólo tenía dos cosas en la cabeza: ver mi oficina nueva y ver la computadora que me tocaba. La primera fue una gratísima impresión, la segunda no lo fue tanto, es una Lenovo que ya se ve medio traqueteada, pero el monitor plano y amplio era lo rescatable. Al encenderla comencé mi procedimiento estándar: checar hotmail, checar yahoo, checar el reforma, el universal, el record, espndeportes... y facebook. Todo salió bien excepto lo último, descubrí que en Sedesol tienen bloqueado el facebook, el Hi5, el messenger, youtube... vamos todo lo que hace divertido al Internet y que me ha casuado una especie de adicción virtual.
No entiendo por qué lo hacen. Según varios artículos como este, Facebook no reduce la productividad laboral... al contrario!! un empleado feliz es un empleado eficiente!
En fin, supongo que el objetivo es desarrollarme otro tipo de adicción más severa y perversa que la del Internet o incluso que cualquier hard drug: la adicción al trabajo.