jueves, 19 de marzo de 2009

No te la crees!!

Hasta hace poco podíamos escuchar la frase ¡No te la crees! 0 la de ¡Porque yo sí quiero ser alguien en la vida! en algunos comerciales y promocionales de la Universidad ICEL.
El ICEL es una institución de educación superior que tiene una oferta educativa de 32 licenciaturas, además de 12 especialidades y 11 Maestrías. La colegiatura por cuatrimestre es de 6 mil pesos y por toda la licenciatura alcanza un total aproximado de 58 mil pesos.
Parecería una buena inversión: 58 mil pesos más los costos en materiales, transporte o comidas que incluye el estudio a cambio de recibir una formación profesional que te capacita para encontrar un trabajo remunerado y te permite desarrollarte a nivel individual.
En economía es posible encontrar una relación positiva entre niveles de escolaridad e ingresos laborales, o lo que es lo mismo mayor educación se refleja en mejores salarios. Esta relación fundamenta una de los campos que más atención ha cobrado en la disciplina económica: la teoría del capital humano.
Bajo esta enfoque, se ve a la educación como "una inversión" que dará frutos cuando los individuos se incorporen al mercado laboral. La educación permite que los individuos adquieran "habilidades" y "conocimientos" que los hacen más productivos, por consecuencia, mayores años de escolaridad son indicadores de más habilidad y de mejor remuneración por el trabajo.
Hasta hace algunos años -más bien décadas- el hecho de poseer una licenciatura era sinónimo de obtener éxito laboral, económico y estabilidad. Actualmente parecería ser un poco más difícil y el título no te asegura nada. Como muestra un dato: la mayor tasa de desocupación en México se observa en los egresados del nivel superior.
Con esta entrada comienzo una serie sobre educación y economía, espero que las lean!

lunes, 9 de marzo de 2009

¿Quién es mejor Pelé o Maradona?

¿Quién es el mejor jugador de la historia?, ¿Pelé o Maradona? Se han dedicado debates, foros, artículos, programas de tv, páginas de Internet, entre muchos otros recursos para intentar darle una respuesta y a la fecha no hay ninguna concluyente.
Para The Association of Football Statisticians (AFS) el mejor jugador de la historia es Pelé y lo sorprendente es que Maradona aparece hasta el lugar número 6, detras de Ronaldo, Romario, Figo y Zidane. El listado es considerado -con excepción de los argentinos- como una buena aproximación a la realidad ya que usó criterios definidos para establecer un sistema de puntuación: los goles anotados, barridas limpias para los defensas, goles permitidos para los porteros, trofeos ganados a nivel local e internacional, tarjetas recibidas, juegos como capitan, entre otros indicadores de desempeño. De acuerdo a cada puntaje se elabora un ranking cuyo lugar indica el grado de trascendencia para el futbol mundial del jugador calificado.
El listado es, por supuesto, debatible tanto desde el punto de vista deportivo como del metodológico, pero lo interesante es que la economía y sus herramientas son útiles también para enriquecer la discusión y poner en duda la veracidad del ranking. Para la economía, como para muchas otras ciencias, es necesario pensar los hechos no sólo en forma absoluta -el número de goles marcados, los goles permitidos, los trofeos obtenidos- sino que es fundamental, y tal vez imprescindible, pensar los hechos en términos relativos -goles marcados ¿ante qué tipo de defensas?, goles permitidos ¿en cuántos partidos?, trofeos obtenidos ¿entre que nivel de competitividad del torneo?, etc.
En economía frecuentemente usamos los términos absolutos y relativos. Un ejemplo claro es el concepto de ventaja absoluta y ventaja relativa, los cuales se usan para entender las diferencias entre dos naciones y comprender el comercio entre las mismas. Un país tiene una ventaja absoluta sobre otro cuando usa menos recursos para producir un bien determinado, por otra parte, un país tiene una ventaja relativa si, dada una cantidad de recursos, es más eficiente en su uso que otro país.
Pensemos en nuestro ejemplo ¿Pelé o Maradona? Pelé tenía una ventaja absoluta sobre Maradona: era más alto y se consideraba mejor cabeceador, además de que podía usar la pierna izquierda y la pierna derecha. Sin embargo, esto no implica necesariamente que era mejor jugador que Maradona, quien gozaba de ventajas relativas importantes, aún cuando manejara únicamente la pierna izquierda tenía más precisión y dominio del balón con ella que Pelé, también le costaba menos trabajo y era más efectivo al cobrar faltas con esa pierna que el brasileño.
Otro punto importante es que las comparaciones en economía deben realizarse tomando en cuenta el tiempo. No podemos simplemente comparar los precios de hoy con los precios de hace un año o de hace cien años sin aplicar herramientas estadísticas, o bien, tampoco es posible comparar los ingresos que tendremos en 3 años con los ingresos que tenemos actualmente. En el ejemplo ¿Pelé o Maradona? no es posible realizar las comparaciones del índice de la AFS porque simplemente no se aplica una técnica que tome en cuenta la diferencia de tiempo en sus actuaciones. El último juego de Pelé fue en 1977 y el primero de Maradona en 1976. Para poder comparar un aspecto -por ejemplo, el de goles anotados- debería de ponderarse qué tipos de sistemas defensivos se usaban en la época de Pelé y aplicarlos en la época de Maradona, otra cuestión sería tomar en cuenta los defensas a los que se enfrentaba Pelé y realizar una una ponderación para simular cómo lo hubiera hecho Maradona... etcétera. No es una tarea sencilla...
En fin, a mí ni me gusta el futbol, me gusta el cruz azul!!
PD. para ver el listado completo hagan click (chequen quién está en el lugar 72)
PD2. para ver un ejercicio similar pero para equipos de la NFL da click

lunes, 2 de marzo de 2009

Like a Rolling Stone...

Un jueves por la noche saliendo del ITAM platicaba con un buen amigo y colega acerca de música, grupos y canciones. Descubrí que teníamos algunas coincidencias en nuestras preferencias, no obstante, al final de la discusión mi colega mencionó que mis gustos no podían ser encasillados y que eran bastante "raros", por así decirlo. Para seguir con el tema comenté en broma que mi canción favorita era You Can't Always Get What You Want de los Rolling Stones e inmediatamente me preguntaron la razón de mi preferencia. Respondí -un tanto improvisando- que no había mejor canción para presentar el problema fundamental de la economía: la escasez. Todo mundo quiere más, pero los recursos son limitados.
Recordé está anécdota cuando hallé una interesante página mientras buscaba recursos para retroalimentar este espacio -http://divisionoflabour.com/music/- En esta se presentan algunos fragmentos de canciones y se analiza su "enfoque económico". Los autores organizan las canciones por géneros músicales (rock, hard rock, alternative rock, hip hop, etc.) y en cada entrada describen brevemente el "contendio económico" de la rola. Unos comentarios suenan interesantes, otros más forzados, pero en general se agradece el intento. Ahí se encuentran canciones como Money for nothing de Dire Straits, Supply and Demand de The Hives, Unemployable de Pearl Jam, entre otras, ¡hasta de backstreet boys!
Otra buena canción de The Rolling Stones que también aparece en la página y que por supuesto tiene un contendio económico es (I Can't Get No) Satisfaction:
I can't get no satisfaction,
I can't get no satisfaction,'cause i try and i try and i try and i try,
I can't get no, i can't get no
¿De dónde habrá sacado la inspiración Mick Jagger? Buscando su biografía obtuve una pista: antes de formar la banda estudiaba en London School of Economics.
PS. Qué no van a recomendar temas para futuras entradas????

domingo, 15 de febrero de 2009

All you need is... economics

Atendiendo una sugerencia puntual de una colega y aprovechando la coyuntura del calendario me propuse escribir algo sobre el amor y la economía.
El amor puede ser entendido y estudiado por muchas disciplinas: la filosofía habla de la metafísica del amor, incluso su etimología significa "amor por la sabiduría", en psicología se estudia el amor como los vínculos afectivos o de apego que surgen entre las personas; en la química se describe el proceso amoroso como las reacciones fisiológicas que surgen en una persona a través de descargas neuronales y segregación de hormonas como la feniletulamina que es responsable de aumentar la energía física y la lucidez mental, o la dopamina que inhibe el apetito.
En economía existen varias formas de analizar el amor, la más sencilla es asumir que es algo que satisface una necesidad humana, por tanto, es un recurso escaso que debe ser asignado eficientemente. El amor satisface necesidades emocionales (afectivas, seguridad, compañia) o materiales (pensemos en el matrimonio o el noviazgo como una "asociación que permite acceder a más y mejores bienes y servicios").
En mi búsqueda de interpretaciones económicas del amor, hallé dos interesantes de comentar y que se complementan una con otra: la primera tiene que ver con el mercado del amor y la segunda con los llamados costos del amor.
Para analizar el primer enfoque pensemos en un individuo -lo llamaremos Jorge Tomás- que pretende hallar el amor de su vida. Nuestro amigo tiene un "precio de reserva para el amor", este precio establece las cualidades mínimas que una potencial compañera (o) debe cumplir para poder convertirse en pareja sentimental de Jorge Tomás. Algunas de estas cualidades mínimas pueden ser la estética de la persona, su capacidad monetaria, niveles de inteligencia, educación, sus habilidades sexuales, etc. Estas cualidades o estándares que determinan los precios de reserva "amorosos" son establecidos tomando en cuenta las preferencias o gustos de las personas. Si Tomás tiene estándares normales o precios de reserva amorosos relativamente bajos entonces hallar una pareja será relativamente rápido, sin embargo, si Tomás quiere que su pareja sea modelo de pasarela, con varios millones en la cuenta bancaria y con un C.I. de 110 entonces seguramente le resultará un tanto difícil encontrar el amor (sobre todo si Tomás no es un ejemplo de belleza y poder económico).
En este punto podemos incluir el segundo enfoque de la economía del amor: los costos. Si Tomás tiene un precio de reserva amoroso alto entonces deberá incurrir en costos del amor altos: el primero es el costo de búsqueda, que incluye todo el tiempo, dinero y energía invertidos por Tomás tratando de encontrar a su pareja visitando bares, fiestas, chateando, etc. Otro tipo es el costo del cortejo, puede incluir el gasto de Tomás en cenas elegantes, salidas en la noche, regalos o "detalles". Estos costos pueden ser "hundidos" o irrecuperables si el resultado de ligue de Tomás es negativo. Otros tipos de costos asociados al amor son el costo de rechazo (imagínense a Tomás deprimido en la cama por una decepción amorosa) o el costo de mantener vivo el amor (las citas se siguen dando aún después del proceso de cortejo).
Supongamos que Tomás incurre en costos muy altos del amor y logra iniciar una relación, obviamente, nuestro galán recibe beneficios (desde la correspondencia de sentimientos o la adquisición conjunta de bienes y servicios hasta mejores relaciones físicas o sexuales). Entonces si al aplicar un balance o análisis de costo-beneficio resulta que los beneficios descontandos por los costos incurridos son positivos, entonces nuestro amigo Tomás gozará del amor desde el punto de vista económico. En caso contrario, deberá restablecer sus precios de reserva, entrar al mercado del amor e incurrir en nuevos costos de búsqueda.
En fin, ojalá el amor fuera así de simple...
PS. Se reciben sugerencias para futuras entradas, esta se debió a la petición de mi colega Andrea ¡saludos!

domingo, 8 de febrero de 2009

Frutas y legumbres, espectros electromagnéticos y virginidad... ¿qué tienen en común?

"Seleccionaba con paciencia desesperante un repollo o una coliflor. Estaba conforme puesto que pedía precio, pero de pronto descubría otro que le parecía más sazonado o más grande, y ello era el motivo de la disputa entre el verdulero y don Gaetano, ambos empeñados en robarse, en perjudicar al prójimo, aunque fuera en un solo centavo.

Su mala fe era estupenda. Jamás pagaba lo estipulado, sino lo que ofreciera antes de cerrar un trato."

Roberto Artl, El juguete rabioso.

Apenas en diciembre leí el libro El juguete rabioso de Roberto Artl, una novela con un título intrigante. Me llamó la atención este pasaje -incluido en el capítulo segundo- por su "contenido económico". Obviamente el párrafo describe una acción que parece cotidiana en cualquier tianguis o mercado sobre ruedas: el regateo. Con su acción de disputa y negociación, don Gaetano busca obtener un precio conveniente mientras que el verdulero pretende un pago que le permita al menos cerrar una transacción sin pérdidas. Al final, se presenta que uno a otro buscan perjudicarse, sin embargo, el razonamiento económico detrás implica que ni Don Gaetano ni el verdulero cerrarían el trato a menos de que el precio acordado les reporte un beneficio no negativo como mínimo (lo cual implica ni ganancias ni pérdidas).
Todos sin distinción hemos realizado esta acción de regateo: tratar de obtener precios más bajos o más altos dependiendo del papel que juguemos en una transacción, ya sea como compradores o como vendedores. Este proceso de obtención de precios altos o bajos puede ser simple o complejo. Uno de los más simples es una subasta, en la que los compradores y vendedores reaccionan personalmente en respuesta a la disponibilidad de los bienes y servicios, su deseo por adquirirlos o venderlos, la información sobre el bien, las expectativas, etcétera.
Aunque en la mayoría de los mercados de bienes y servicios las cadenas de intermediarios entre el productor y el consumidor final hacen imposible llevar a cabo subastas en todas las transacciones, actualmente, existen algunos mercados que hacen uso de este mecanismo para asignar bienes que van desde obras de arte o lotes de productos agrícolas hasta los derechos de exploración de campos petroleros, la construcción de infraestructura pública o frecuencias del espectro electromagnético.
Las subastas están pensadas por garantizar la competencia y que el comprador final sea aquel que más valora o mejor puede gestionar el bien subastado. El uso de subastas es tan antiguo como la historia del hombre, sin embargo, su desarrollo en el campo de la teoría económica es reciente. También su aplicación en campos complejos ya que apenas en las década de los ochentas y noventas se empezaron a usar para asignar las frecuencias del espectro electromagnético, que entre otras cosas es un insumo fundamental para la industria de las telecomunicaciones. Las subastas se usan también para asignar derechos de explotación de campos petrolíferos o en las licitaciones de obras públicas.
Existen en general cuatro tipos de subastas: 1) subastas inglesas, el precio se va incrementando hasta que queda un único comprador, es la más conocida y nos remite incluso a la típica escena donde hay un subastador que con gran entusiasmo y teatralidad incita a los asistentes a ofrecer más por un determinado bien, 2) subasta holandesa, el mecanismo es el opuesto a la inglesa, es decir, existe un precio máximo que desciende hasta que algún comprador lo acepta -como dato cultural así se asignan los bulbos de tulipanes en Holanda-, 3) subasta a sobre cerrado, donde cada uno de los participantes presenta una única oferta en un sobre y no conoce las pujas máximas de las demás, lo que sí sucede en la subasta inglesa, aquel con la oferta más grande se queda con el bien y 4) subasta a sobre cerrado de segundo precio, que también se conoce como subasta de Vickrey (un economista ganador del Premio Nobel), en la que el mecanismo es igual que el anterior, con la diferencia de que el precio pagado es el segundo más alto.
La aplicación y desarrollo de la teoría de las subastas actualmente es uno de los campos más fértiles en la economía y, sobre todo, ha encontrado grandes aplicaciones en campos estratégicos. Seguramente alguien como Natalie Dylan descubrió la teoría de las subastas antes de ganar casi 4 millones de dólares al ofrecer al mejor postor su virginidad "para obtener fondos para estudiar y pagar una carrera".
Apuesto que Natalie va a estudiar economía...

viernes, 30 de enero de 2009

¿Por qué no puedo comprar unos zapatos Berluti en Suburbia?

No soy de gustos muy finos, ni tampoco acostumbro vestir ropa o zapatos de renombre internacional, sin embargo, para escribir esta entrada me di a la tarea de averiguar cuáles son algunas de las marcas más lujosas y exclusivas. Para sorpresa mía no hallé marcas como Armani, Gucci o Versace, sino algunas que nunca había escuchado antes como trajes italianos Cifonelli, corbatas Marinella. lentes Tiffany & Co o zapatos hechos a la medida Berluti. Estos zapatos tienen como característica principal el hecho de que usan las mejores materias primas y para fabricar un par se requiere un proceso artesanal que incluye 25o pasos diferentes, sobra decir que su precio es prohibitivo y que por tal razón sólo algunos -como Robert de Niro- son clientes frecuentes.

Los zapatos Berluti gozan de otra particularidad que tiene que ver mucho con el precio que se paga por un par: su distribución es exclusiva, únicamente se pueden comprar en ocho tiendas en Europa y en Estados Unidos sólo se ofrecen en una boutique de la Quinta Avenida en Nueva York. Es decir, no cualquier mortal puede tener acceso a unos buenos zapatos Berluti. Esta característica los hace un ejemplo de un concepto de economía que me llama mucho la atención y que se conoce como externalidad de red.

Las externalidades de red pueden definirse como aquellos efectos que hacen que el valor de un producto para un usuario dependa no sólo del producto en sí mismo sino del número de usuarios que utilicen dicho producto. Es decir, el valor que tiene un bien para una persona variará dependiendo de la cantidad de personas que tengan acceso a bienes del mismo tipo.

El concepto de externalidad de red es relativamente nuevo y se ha aplicado notablemente al contexto de la economía digital, un ejemplo sencillo es el hecho de que un usuario de correo electrónico se beneficia más si todos sus amigos tienen cuenta de correo y menos si nadie usa este servicio. Este es un efecto positivo de externalidad de red o efecto "arrastre", el cual se da cuando un consumidor tiene un pensamiento similar a "quiero una cuenta de correo por que todos tienen cuenta de correo electrónico".

Otro efecto de una externalidad de red se da en sentido contrario y es conocido como efecto "snob", sucede cuando el usuario de un bien obtiene mayor beneficio al ver excluidos a otros individuos de tener acceso al mismo bien: Robert de Niro se beneficia más por el hecho de que ni Rodrigo Mota o Norma Garza ni otros miles de personas tengan un par de zapatos Berluti o unos lentes Tiffany & Co de diseño personalizado.
La misma marca propicia este efecto ya que como se mencionó anteriormente Berluti tiene únicamente nueve tiendas alrededor del mundo. El efecto "snob" provoca entonces que mientras menos personas dispongan del bien más deseable será éste, más exclusivo, convirtiéndose en signo de distinción. El efecto no es sólo de precio sino una cuestión de exclusividad. Para mantener esta condición, las marcas y los mismos consumidores de bienes exclusivos evitan que surga un efecto "arrastre".
En fin, yo prefiero unos tenis...

jueves, 22 de enero de 2009

El valor del español

¿Cuánto vale la lengua española?

Si aproximáramos su valor a través de las obras literarias más grandes de Iberoamérica seguramente podríamos usar varias escalas, una de ellas consideraría todas las sensaciones que despierta en un lector un libro o un poema.

También desde el punto de vista de la economía podemos valorar la lengua. Aparte de generar una riqueza cultural y provocar sensaciones intangibles en los individuos, el español como idioma es una fuente de riqueza para un país hispanoparlante. Si reflexionamos acerca de todas las actividades que se derivan o tienen como instrumento básico la lengua española podríamos enumerar: la industria editorial, las comunicaciones, la industria discográfica, la educación, las actividades culturales... No son pocas las acciones económicas que usan a la lengua como un bien o un insumo, que además, es inagotable (¿podría la lengua o el idioma ser escaso desde el punto de vista de la economía?) y de costo nulo.
Un estudio reciente realizado en España, estimó que para esta economía el idioma español genera algo así como 160 mil millones de euros de riqueza para el país. Nada despreciable si consideramos que esta cifra representa aproximadamente 16% de todo lo que se produce en un año en España.
Estamos acostumbrados a suponer que el inglés es el idioma más importante a nivel mundial, por otra parte se considera que el chino es el idioma del futuro, sin embargo, el español también es un recurso valioso.